
Desde que Lewis Terman, psicólogo de la Universidad de Stanford, definiese la inteligencia, han sido muchos los científicos y psicólogos que se han interesado por conocer el coeficiente intelectual de las personas y las repercusiones que esto tiene en su vida personal y académica.
Los diversos estudios que se han realizado a lo largo del tiempo revelan que la inteligencia es algo hereditario, al igual que se afirma que los padres de los niños con altas capacidades intelectuales mantienen una relación con sus hijos basada en el razonamiento y en los sentimientos, más que en la aplicación de normas rígidas de conducta.
No obstante, aunque es “complejo” reconocer a un niño superdotado, es fundamental que esto se haga a una edad temprana, puesto que sólo así se conseguirá sacar un máximo provecho de sus cualidades y se evitará que esa diferencia se convierta en un problema social. Algunas de las características que permiten identificar a estos niños son: las pocas horas que dedican a dormir, su alta capacidad para leer en muy poco tiempo, su alta capacidad creativa, su preocupación por las cuestiones morales y vinculadas a la justicia, su perfil observador y crítico consigo mismo y con el resto, su capacidad de concentración, su individualismo, su apariencia de distraídos…Pese a la multitud de variables que ayudan a su reconocimiento, sólo un 5% de los niños superdotados son detectados.
Aunque para muchos esto pueda ser un privilegio, esto puede llegar a convertirse en un problema para los niños por diversos motivos. Por ejemplo, su alta capacidad de aprendizaje puede hacer que el resto de niños se burlen de él y le insulten llamándole listillo, sabelotodo…y que hagan que se sienta mal y avergonzado por ser como es. Del mismo modo, éste puede llegar a aburrirse y a sentirse totalmente desmotivado en el colegio, al percibir que el ritmo que sigue la clase es muy lento. Este tipo de problemas no corresponden al niño, sino más bien a la escasa formación y competencias del sistema educativo en este área. Por ello, la labor de los progenitores en estos casos es fundamental. Es conveniente que apunten a sus hijos a actividades creativas como el dibujo o la pintura, las manualidades, el ajedrez, la música, que acuden a bibliotecas, en las que puedan sacar todos los libros que quieran o llevarles a visitar museos, exposiciones o conferencias…con el fin de que así puedan suplir todas esas carencias formativas que no encuentran en su vida diaria.
Del mismo modo, existen otras estrategias de intervención como el agrupamiento específico, que consisten en la escolarización del niño en un centro específico para superdotados; la aceleración, que se basa en matricular al niño en el curso que se corresponde con su edad mental; la adaptación curricular, que busca adaptar el material escolar a sus capacidades mentales; o la enseñanza individualizada, que se realiza en el mismo centro escolar y dentro de su propia clase.
Con el fin de ayudar a niños, jóvenes y padres de superdotados y talentosos surgió la Asociación Española de niños Superdotados (ASENID) en 1990 y cuya sede se encuentra en Zaragoza. Para conocer sus proyectos, iniciativas o ámbitos de actuación, se puede visitar su página web: http://asenid.com/
“Superdotado es aquel que posee parcial o totalmente un cerebro más sutilmente desarrollado” (Santiago Ramón y Cajal)
Para ver el documental entero: http://www.youtube.com/watch?v=OYlHouuo-m4&feature=related

Muy buen artículo. No sabía que un síntoma de ser superdotado era dormir poco... entonces queda claro que yo no lo soy ;P Ya hablando en serio, creo que el problema de un superdotado es la limitada existencia de centros especiales y el hecho de que todavía se considere "raro" o un niño "especial".
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